27 de enero de 2010 | Nacionales.

Una piedra preciosa y peligrosa

Cristina Kirchner violó la Ley de Ética Pública al aceptar como regalo una esmeralda de 5.000 dólares 
27_Cristina_KDurante una visita de la Presidenta a Salta, un simpatizante la sorprendió con el obsequio. Ella lo recibió agradecida y se lo quedó, aunque es ilegal.
En su visita a Salta, el 13 de marzo pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner infringió la Ley de Ética Pública al aceptar una esmeralda valuada en 5.000 dólares que un simpatizante le regaló al concluir el acto, como muestra de su admiración.
«Señora tengo un regalo para usted», dijo el hombre que capturó enseguida la mirada de la mandataria.
«¿Qué es esto?», preguntó la Presidenta; a lo que él contestó: «Es una esmeralda, señora. Me llamo Carlos Sampedro». Los ojos de Cristina se iluminaron y su boca entreabierta hizo imposible disimular su sorpresa: «Bueno, muchas gracias, muchas gracias», repitió dos veces ella y le dio un protocolar beso en la mejilla y un apretón de manos. En ese instante en el que Cristina aceptó la piedra preciosa, la Presidenta violó la Ley 25.188 de Ética en el Ejercicio de la Función Pública que establece en su artículo 18 que «los funcionarios públicos no podrán recibir regalos, obsequios o donaciones, sean de cosas, servicios o bienes, con motivo o en ocasión del desempeño de sus funciones. En el caso de que los obsequios sean de cortesía o de costumbre diplomática la autoridad de aplicación reglamentará su registración y en qué casos y cómo deberán ser incorporados al patrimonio del Estado, para ser destinados a fines de salud, acción social y educación o al patrimonio histórico- cultural si correspondiere».
El regalo que le entregó su admirador a Cristina fue una esmeralda cruda, sin pulir, y de máxima pureza, extraída en Kenia, África, por la cuál pagó cinco mil dólares.
Su intención no era cortejar a la Presidenta, que es una mujer casada; Sampedro tiene una hija y vive en pareja en San Lorenzo, un barrio de la capital salteña. ¿Por qué el costosísimo regalo entonces? «Yo admiro a esa mujer», se justificó el admirador, quien aseguró sentirse muy bien por haber entregado su regalo.

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