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15 de marzo de 2010 | Provinciales.

Sólo habrá ley de lemas con un acuerdo Urribarri-Busti

Es la posibilidad que espera la mayoría en el peronismo, conscientes de que los lemas son la tabla de salvación para la permanencia en el poder de un PJ profundamente dividido. Dicen que a pesar de su rechazo, Busti no cerró las puertas.

Sergio Urribarri (o el urribarrismo) y Jorge Busti (o el bustismo) no terminan de mostrar todas sus cartas en el debate que se desató esta semana en torno a la posibilidad de adoptar para Entre Ríos un sistema electoral de lemas. Unos y otros se han adjudicado en los últimos días la paternidad de una criatura legal que es políticamente incorrecto reconocer y tiene mala prensa.
El que se atrevió a despojarse de esos tapujos fue el senador Raúl Taleb, cuando dijo el pasado martes: “No quiero ser hipócrita, la ley de lemas le conviene en esta coyuntura al peronismo”, que de ese modo “evitaría su fractura” y podría continuar en el poder aún en el caso 1 busti_urribarri_bordet_cdiade que el candidato a gobernador de la oposición sea el que saque más votos.
La histórica pertenencia al bustismo de Taleb alentó la hipótesis de que Busti estaba detrás de la movida y que su contundente rechazo a la ley de lemas que había hecho público el día anterior no era más que una maniobra de distracción para despegarse. “Jorge hace la del tero, canta en un lado y pone los huevos en otro”, se escuchó, reiteradamente, en los desorientados mentideros políticos de esta agitada semana.
Después de aquella honestidad visceral de Taleb y de un primer guiño a favor de parte del bloque de senadores del PJ, empezaron a sucederse posicionamientos de dirigentes alineados con Busti en contra de los lemas. Desfilaron los diputados Daniel Bescos, Eduardo Jourdán, Juan Domingo Zacarías. Todos aportando a quien definían como el padre de la reforma constitucional de 2008 que, justamente, le cerró la puerta a un sistema de lemas.
Sirvió de poco: la cúpula radical acusó a Busti de estar dirigiendo el globo de ensayo desde las sombras, porque la idea había sido lanzada desde sus filas.
El ex gobernador redobló la apuesta, ratificó su rechazo, dijo que Taleb actuó como “libre pensador” y sumó a la columna del “No” a los lemas al diputado Hugo Berthet, que había sido quien primero propuso la idea en la reunión del PJ que se desarrolló la semana anterior.

Unos y otros

En suma, hasta ahora los únicos que le dijeron públicamente no a los lemas fueron hombres del bustismo. Pero también fueron bustistas los únicos que lo impulsaron. La ley de lemas se promovió y se impugnó en el seno del bustismo, mientras el urribarrismo balconeaba el proceso con un significativo silencio.
Las primeras manifestaciones del oficialismo, como la del intendente de Nogoyá, Faustino Schiavoni, pidiendo no “demonizar” la ley de lemas y analizar su viabilidad, dejaron ver que la idea había caído bien al Gobernador, que prefiere no pronunciarse aún.
Antes, el peronista disidente Héctor Maya –que por esas incoherencias de la política vernácula está más cerca del Urribarri K que del Busti anti K- se había mostrado a favor. En las pasadas elecciones que el PJ “unido” a la fuerza y con el peso del rechazo a Kirchner perdió por menos de 5 mil votos, Maya juntó más de 50 mil votos del menemismo residual.
Otro ilustre menemista, en cambio, se pronunció en contra de los lemas. El ex senador Augusto Alasino, actualmente aliado a Busti, reveló que el ex gobernador lo consultó. “Me preguntó que opinión tenía. Y yo le dije ‘pero si ustedes neutralizaron esa posibilidad’”, contó. “Esto llevó a una discusión bastante grande en la Convención, se erradicó este tema, nadie la impulsó y, por cierto, había que tener mucho coraje para defender este instrumento que quedó claro que era de algún modo antidemocrático”, hizo notar.

A conversar

A juzgar por los posicionamientos públicos, los lemas perjudican a todo el arco opositor y sólo el Gobierno se sentiría confiado en verse beneficiado, esto es, en ser el sublema más votado del lema PJ.
Lo concreto es que, por su predicamento en Diputados, ninguna ley de lemas se aprobará sin el aval de Busti o, si se prefiere, de sus legisladores. En rigor, cualquier cambio al sistema electoral –remodelación de la ley Castrillón, cambio de fecha de elecciones provinciales- no saldrá sin un acuerdo entre Urribarri y Busti, porque ninguno de los dos controla toda la Legislatura.
Por caso, Urribarri no puede sacar una ley que fije la fecha, pero aseguran que tiene los números para frenarla en el Senado o, en última instancia, en una Asamblea Legislativa que se reúna para tratar su veto.
Lo que por estas horas se pretende evitar es ese cuadro de confrontación. Más allá de las declaraciones de estos días, dentro del peronismo está abierta una negociación que debería definirse no más allá de esta semana.
En los pasillos de la Casa de Gobierno aseguran que Busti lo está pensando. Si no hay acuerdo, nada se modifica, con lo cual habría elecciones provinciales en marzo de 2011, como dice la ley vigente. Eso supone internas partidarias a todo o nada en noviembre de este año, el peor de los escenarios para Busti, que apuesta al paso del tiempo para capitalizar el desgaste de Kirchner y conseguir mayores pases de intendentes, que más se atreverían a dar el salto cuanto menor sea el tiempo que les reste gobernar en dependencia del poder central. Urribarri, por su lado, tendría en noviembre un armado mucho mejor atado del que conseguiría retener el año que viene.
Cómo sería
Bajo una Ley de Lemas, cada partido político constituye un lema electoral y sus sectores internos distintos sublemas, con sus respectivos candidatos, cuyos sufragios se sumarán luego al sublema más votado. Es decir, resuelven la interna en la general.
Por ejemplo, en el lema PJ Entre Ríos, la lista de Urribarri sería un sublema, la de Busti otro sublema. En la campaña, el primero propondría avalar el modelo kirchnerista y el segundo justamente lo contrario. Pero, luego de la elección, los votos K y anti K de los dos sublemas se sumarían para el lema PJ, beneficiando al sublema más votado. Podría pasar que un fanático bustista, o Busti mismo, termine votando por Urribarri, o viceversa.
Un rápido repaso por el resultado de las elecciones de los últimos años en Entre Ríos permite ver con claridad como la suma de las partes del peronismo –incluido los que estaban afuera y volverían, como Maya- es mayor a cualquier otra fuerza política.

El poder por el poder mismo

La propuesta de una ley de lemas llega en un momento muy especial de la vida política provincial. Como nunca antes en estos 26 años consecutivos de vigencia democrática, el PJ de Entre Ríos se ve atravesado por una división que, al menos en el plano discursivo, se asienta en un debate político, de proyecto político: a favor o en contra del “modelo” que encarnan los Kirchner.
No pasó en los años 90 con Menem, cuando la resistencia en el PJ al modelo neoliberal fue mínima y en Entre Ríos casi no se notó, porque fueron sólo algunas segundas o terceras líneas dirigenciales justicialistas las que en la segunda mitad de la década, pasarían a nutrir el Frepaso.
No pasó tampoco en 2003, cuando una franja menor de dirigentes –esta vez si de la primera línea– se marchó del partido, pero como reacción a una cuestionada “forma de hacer política” antes que por diferencias de proyecto. Eso fue básicamente el Nuevo Espacio de Martínez Garbino, que en alianza con otros partidos se alzó como tercera fuerza al calor de la crisis de representación política que había estallado dos años antes, en 2001.
Y mucho menos pasó en 2007: la Lista 100, que por afuera del PJ encabezó la formula Solanas-Cresto, nunca planteó una discusión política; todo se redujo a una mera puja de poder que, tan pronto como pasaron las elecciones de marzo de ese año, se terminó de saldar con el retorno al PJ de los díscolos sin que mediara explicación política alguna sobre la aventura que acababan de protagonizar.
En 2010, la división es más seria que nunca, además, por quien la lidera. No se trata de algún dirigente menor que se atrevió a criticar a Menem al final del menemato; no es tampoco un referente peronista que midió mejor afuera que adentro del PJ, como Martínez Garbino; no es el caso de un liderazgo que nunca superó las fronteras de Paraná, como el de Solanas.
Esta vez, quien encarna la ruptura es Busti, el dirigente más importante que dio el peronismo entrerriano en toda su historia y que, para más datos, después de la derrota del PJ del 28 de junio se volcó a jugar muy fuerte en la construcción del antikirchnerismo y está peleado en serio con el gobernador Urribarri, primera figura K de la provincia.

Causa indefinida

La lógica de la ley de lemas es saldar en la elección general la interna de un partido (lema) en el que sus distintas vertientes (sublemas) no son otra cosa que ramas de un tronco común, un árbol que crece en el mismo sentido. Gane una rama o la otra, el beneficiado será el mismo árbol.
Pero el PJ de estos días está atravesado por la principal contradicción política de este tiempo. El tronco está partido y el triunfo de una rama supone la poda de la otra.
En lugar de saldar sus diferencias en una interna y marchar a la general con una posición clara frente a la contradicción principal, en un régimen de lemas el PJ iría a la general con todos sus pedazos a juntar votos para una única causa indefinida. El efecto político de un voto al PJ pasaría a ser un misterio. Ya no importa el proyecto en discusión, no importa el para qué, lo único que importa es conservar el poder.
Un poco por sus aciertos, otro poco por sus errores, Kirchner tuvo el mérito de rescatar a la política del ostracismo al que el propio peronismo, en su versión neoliberal, la había confinado en los años 90. De pronto, bien o mal, por convicción o por necesidad, en Argentina se volvió a debatir sobre asuntos tan importantes y postergados como la redistribución de la riqueza, el federalismo, los derechos humanos, la concentración de medios, el pago de la deuda.
La ley de lemas, viene a bastardear esa rica discusión política, o quizá evidencie que ese debate de ideas nunca existió más allá de lo discursivo en las filas de una fuerza política que tiene en su ADN un fuerte instinto de supervivencia. Ese ADN es el que comenzó a actuar esta semana.

Para destacar

Bronce. Busti ha cambiado muchas veces de posición política y ha sido bajo el costo que pagó por ello ante un electorado despolitizado, desinformado y que mayoritariamente vota, ante todo, con el bolsillo. Pero una cosa es volver de una posición política y otra de una afirmación tan contundente sobre la inconstitucionalidad de la ley de lemas. Un cambio de opinión en este punto, corroería de un modo irremediable el bronce que –como bien señaló esta semana la UCR- buscó el tres veces gobernador con la reforma constitucional de 2008. El bronce no se mide en votos, sino en prestigio.
El Diario

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