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26 de marzo de 2016 | Concordia, Destacado.

«Deseo una bendecida y santa Pascua para cada uno, sus familias y sus comunidades» dijo el Obispo Collazuol.

_collazuol_23Queridos hermanos en el Señor: ¡Jesús ha resucitado! ¡Jesús vive! Es el mensaje que corre de boca en boca entre los discípulos desde la mañana de aquel primer día de la semana, cuando María Magdalena, y luego Pedro y Juan corrieron al sepulcro y lo encontraron vacío. Renace la alegría, amanece la esperanza.
A la Magdalena, a los apóstoles, a los discípulos que regresaban a Emaús, Jesús
resucitado les vino al encuentro en ese día. Después, a muchos otros, y al mismo Saulo,
algún tiempo más tarde, cuando buscaba encarcelar a los discípulos.

Jesús no es alguien que haya regresado a la vida biológica normal, para morir
nuevamente cualquier día. Jesús no es un fantasma, un “espíritu”. Los encuentros con
el Resucitado no son una experiencia mística de los discípulos, que los eleve por un
momento por encima de sí mismos a percibir lo divino y eterno, para después volver al
horizonte normal de la existencia. Son encuentros reales, con alguien que vive.

“¡Vean, soy Yo mismo!”, dice Jesús a aquellos a quienes sale al encuentro. “¡Es
el Señor!”, reconocen ellos.

Celebramos la Pascua. Jesús se manifiesta también hoy, llama con suavidad a las
puertas de nuestro corazón, nos pide fe y nos hace capaces de “ver”. En la oscuridad
de nuestra vida amanece una nueva luz.

El rayo de luz que percibieron gozosos los primeros discípulos y que
anunciaron con entusiasmo, no se apaga. Por la Pascua entra realmente en el mundo el
resplandor de la Gloria de Dios en el rostro de Jesús resucitado.

“La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive”.

Si escuchamos a los testigos de la resurrección con el corazón atento, si nos
abrimos a los signos con los que el Señor nos manifiesta su presencia hoy, entonces
con fe también nosotros podremos proclamar: Jesús ha resucitado verdaderamente, Él
es el Viviente, “es el Señor”.

A Él nos encomendamos. Con Tomás metemos nuestra mano en el costado
traspasado del Resucitado y confesamos: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús proclama
“felices” a los que creen.

Deseo una bendecida y santa Pascua para cada uno, sus familias y sus
comunidades. Reciban mi saludo cordial.

Obispo Diocesano Monseñor Luis Armando Collazuol.

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