21 de enero de 2010 | Provinciales.

Denuncian que navegantes son “víctimas de una insólita zona de exclusión” frente a Botnia

BOTNIA4-af547Asambleístas harán movilización náutica en febrero

Afirman que el abordaje de prefectos uruguayos y multas a embarcaciones argentinas, amenazas por radio frecuencia y hasta con armas hicieron mella en muchos navegantes entrerrianos que, paulatinamente, se fueron alejando del río. “Todas esas acciones de amedrentamiento de las fuerzas de seguridad uruguaya se volvieron más frecuentes” luego de que el Servicio de Oceanografía, Hidrología y Meteorología de la Armada Uruguaya emitiera un boletín, con fecha del 31 de agosto de 2007, oficializando una “zona de exclusión total a la navegación en torno a Botnia”, según publica el diario El Argentino, que sostienen que “esa fue una de las primeras irregularidades de incumplimiento a los procedimientos estipulados en el Tratado del Río Uruguay, acordado entre las dos naciones”.

Se trata de la primera vez que se impuso una zona arbitraria de exclusión en más de 400 años de historia compartida entre los dos pueblos. Uruguay intentó justificar la medida en razones de seguridad, dado que la prohibición buscaba proteger la boca del caño de desagüe de los efluentes líquidos de Botnia. No casualmente, esa boca de efluente terminaba cerca del canal de navegación del río Uruguay. El comunicado informaba a todos los navegantes de la instalación de una tubería subacuática, con boca de descarga a un metro del fondo del río. La notificación también prohibía navegar por allí para proteger la integridad de la misma. Entre mayo y julio de 2007, Uruguay informó a Argentina sobre este tema, pero no existió comunicación formal, dijeron las fuentes argentinas. Además, el país replicó contra la propuesta de impedir la navegación. Más allá de la respuesta argentina, Uruguay “tomó el río como territorio propio y comenzó, por primera vez en la historia de los dos países, una persecución a las embarcaciones argentinas”, dice el diario El Argentino. Desde que dio sus primeros pasos, Raúl Almeida estuvo vinculado con el río. El gusto por la naturaleza y el cuidado de las aguas fue un legado de su padre. Con el paso de los años, ese espíritu se le impregnó y hoy es un férreo defensor del legado del río. Actualmente, es una de las víctimas de esa medida de Tabaré Vázquez. Reveló que en tres oportunidades fue acosado por embarcaciones de la Prefectura uruguaya. “En alguna de esas persecuciones, esos barcos ingresaron en aguas argentinas”, contó. Esas cazas de bruja sobre el río Uruguay tuvieron su efecto y el “baquiano del río” -así lo denominan los amantes de las actividades en el agua- tomó precauciones y decidió alejarse de la costa uruguaya. “Muchas lanchas de pescadores sufrieron el mismo acoso cuando prefectura los apretaba para que volvieran a aguas argentinas”, añadió. “Me parecía una vergüenza que una fuerza de seguridad nacional uruguaya defienda a una compañía multinacional”, se indignó Almeida, quien suele pasear con su lancha por la zona del puente Internacional San Martín, que une Gualeguaychú con Fray Bentos. Durante esas recorridas su única preocupación se da cuando pasa frente a la pastera, aunque admite que cada vez respeta menos la zona de exclusión. Es que los amantes del río se guían por un mandato histórico que indica que la navegación por el río Uruguay es libre. Fue así entre los pueblos originarios y se mantuvo ancestralmente hasta que Uruguay puso fin a ese mandato. “Toda la vida navegué por el arroyo Caracoles y el río Negro. Desde el conflicto no me arrimo a la costa uruguaya”, admitió Almeida, quien desde el inicio de la disputa debió variar sus cartas de navegación. “Mis periplos son de la mitad del río hacia nuestro lado, pero no voy a renunciar a pasar por aguas uruguayas, porque hay un tratado que dice que es de libre navegación”, puntualizó. Almeida tiene presente lo que ocurrió con una embarcación local que participó de un festival acuático contra Botnia un par de años atrás. “La Prefectura uruguaya secuestró una lancha y la llevó a su costa. Para recuperarla tuvo que pagar 2.000 dólares de multa”, recordó el baquiano del río. “Eso nunca había pasado en más de 400 años de hermandad”, se indignó. Hugo Herner es otro vecino que da rienda suelta a su encantamiento por el río. “En una de las primeras marchas náuticas disfrazamos un barco de pirata y lanzamos cohetes al aire. Esa acción puso demasiado sensible a la prefectura uruguaya que nos encerró con dos embarcaciones enormes y nos embistió con una moto de agua”, describió. “Hay una zona de exclusión que fue impuesta unilateralmente y que para nosotros no rige porque el río es de libre navegación”, consideró Herner, que suele ir a pescar al arroyo Pereyra o debajo del puente internacional. “En realidad la zona de exclusión debería ser para los barcos internacionales que tocan puertos ilegales en el Uruguay. Para ilustrar se puede citar el puerto de Botnia, que no figura en las cartas náuticas argentinas”, indicó. “Antes nos apuntaban con armas, ahora nos filman”, contó Hugo, quien dijo que las relaciones no están tan sensibles como meses atrás, pero que pueden subir de tono durante la movilización náutica hasta el frente de Botnia programada para el 7 de febrero.

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