1 de diciembre de 2010 | Concordia.

Consideraciones de la juzgadora

Luego de analizar la abundante y extensa prueba reunidas en la causa (declaraciones de testigos, actas, croquis, exámenes médicos, numerosas pericias del arma, químicas, relevamiento satelital, etc.), la juzgadora tuvo por acreditada la existencia de los hechos y la autoría responsable del acusado.
Respecto al doble crimen, realizó una reconstrucción de los hechos en base, fundamentalmente, a las declaraciones de los testigos que coinciden en el horario, y en cuanto al estado en que se encontraba Sotelo, quienes lo vieron la trágica madrugada del seis de Septiembre de 2009, momentos previos al triste desenlace, primero en el boliche «Stadium» donde se sucedió un altercado, aproximadamente a las dos de la mañana, que estaba solo y su estado era normal; un funcionario policial de guardia en el boliche refirió que estaba armado y que Sotelo le dijo que estaba armado. Posteriormente lo sacaron del boliche y lo condujeron hasta la remisería «Visión», sita en Pellegrini y Buenos Aires donde abordó el remise conducido por la señora Cabral.

Estas declaraciones -agrega la juzgadora- están apoyados por los dichos de los testigos de la remisería quienes lo observaron subir solo en la parte delantera del vehículo Fiat Uno que conducía la remisera, en estado normal, entre las 2:30 y 3 de la mañana aproximadamente.
Seguidamente, se pueden recrear los últimos acontecimientos con los dichos de los testigos que lo vieron conduciendo a alta velocidad el Fiat Uno color blanco, con su puerta salpicada con sangre, quienes son contestes en lo medular al relatar que escucharon disparos y ven pasar a alta velocidad un Fiat Uno blanco, con letras azules y manchas de sangre, alrededor de las tres de la mañana, con una sola persona al mando del mismo, en las inmediaciones de sus viviendas, dirigiéndose por calle Moulins hacia el Barrio Sarmiento, lo cual es coincidente a su vez con los dichos de otro testigo cuando afirmó que a los 15 ó 20 minutos la llama a la remisera Cabral por si quería que la cubra y no contestó, luego la llamó por teléfono y no la atendió, por lo que enseguida llama a la policía.
La jueza tuvo por probado que Sotelo se dirigió a una casa donde empeñó o vendió el arma del agente Barreto por $100, que luego se dirigió a otro domicilio a pedir ayuda y no lo consiguió, conforme lo declarado por las personas que habitaban dichos domicilios. Luego es visto por el remisero Denis, en circunstancias en que el mismo se encontraba esperando pasaje en la estación de servicios conocida como de «Chiqui García» sita en Bvard. San Lorenzo y La Pampa, ve el auto que venía desde Boulevard Yuquerí por San Lorenzo e ingresa a La Pampa, haciendo rebajes a alta velocidad y casi vuelca, dobla por La Pampa hacia Illia, dijo que iba una sola persona, que estaba de musculosa blanca, que llevaba el pelo corto, tipo policial, quien a las 3 y 55 horas llamó a la policía. Esto a su vez es coincidente con lo declarado por otro remisero, que manifestó haber visto a Sotelo conduciendo el vehículo manchado con sangre, que iba solo de musculosa blanca alrededor de las 4 de la mañana.

Persecución, disparos y detención

Siendo detenido luego de una persecución, donde inclusive se le efectuaron disparos al aire, aproximadamente a las 4 de la madrugada, por tres funcionarios policiales, en las inmediaciones de calles 57 y Córdoba, al volcar el Fiat Uno en que se conducía, -ya sin el logo de la empresa Visión-, secuestrándosele entre otros efectos, en el interior del vehículo, una pistola 9mm, que a la postre se acreditara con la pericia balística que fue con la que dio muerte a Barreto, lo cual es corroborado también con lo declarado por testigos policiales, los que además fueron contestes en afirmar en cuanto a su estado, que estaba nervioso, pero normal.
Luego se produce el hallazgo de los cuerpos de las víctimas, producto de un llamado al Comando al escuchar un testigo una detonación y ver pasar el remis con manchas de sangre; encontrándose los cuerpos sin vida de Pablo Francisco Barreto y Marta Susana Cabral con disparos de arma de fuego en la cabeza.

Pruebas irrefutables

Este cuadro probatorio demuestra, sin ningún tipo de dudas, que el imputado, el día 6 de septiembre de 2009, en horas de la madrugada, entre las 2:30 y 3 horas aproximadamente, luego de que se retirara del boliche «Stadium» junto a sus compañeros policías, abordó el remis conducido por Marta Susana Cabral, en la base de la remisería «Visión», sita en calles Pellegrini casi Buenos Aires de esta ciudad, a quien la condujo hasta la zona de calles Fátima y Moulins y por motivos que no se han podido establecer, procedió a efectuarle dos disparos que le impactaron en la cabeza.
Que posteriormente la arrojó del vehículo en una zona descampada, para luego, cuando intenta retirarse con el automóvil, patina, -lo que es escuchado por testigos-, se encuentra inesperadamente con el policía Barreto, el que se hallaba uniformado y de custodia en la Capilla de Fátima, que presumiblemente escuchó y salió presuroso para ver lo que pasaba sin siquiera atarse los borceguíes, y, a quien -para procurar su impunidad- le efectuó dos disparos en la cabeza, apoderándose del arma reglamentaria del mismo y dándose a la fuga con los elementos sustraídos en su poder, previo abandonar los cadáveres, en una zona descampada donde fueron hallados (surge de parte policial, acta, croquis, fotografías de dicho lugar, informes autópsicos y declaraciones testimoniales).
Tales elementos cargosos constituyen indicios serios, precisos, unívocos y concordantes que conducen a la convicción de la autoría de Sotelo en los hechos enrostrados, no surgiendo de la valoración de la prueba ni siquiera una probabilidad que permitan dudar que éste no participó en los eventos dañosos.
Uno de los policías que intervino en el arresto de Sotelo declaró que al momento de aprehenderlo, aquél le dijo: «Me mandé un moco, maté a dos»; notándolo nervioso, pero normal.
En otra parte, la jueza expresa que es dirimente el secuestro de los efectos de las víctimas en poder de Sotelo, las manchas de sangre de ellos halladas en el vehículo y en la ropa del procesado, posteriormente peritadas, la parafina positiva en ambos dermotest efectuados sobre el mismo, los secuestros de las armas y vainas en el interior del vehículo y en la vivienda de una testigo, la pericia balística que da cuenta que ambas armas (la de Sotelo y la del policía asesinado) eran aptas para disparar, que ambas fueron disparadas, que funcionaban y que las dos vainas fueron percutidas por el arma de Sotelo; las huellas del vehículo constatadas cerca del lugar de donde hallaron el cuerpo del policía Barreto. Además el hecho de que al ser detenido se encontraba conduciendo el vehículo propiedad de Marta Cabral -al que previamente le extrajo las calcomanías que lo identificaban como remis- en una clara actitud de que comprendía la criminalidad del acto y trataba de ocultar la individualización del vehículo en el que se transportaba y con el arma de Barreto en su poder, conforman un cuadro probatorio que permite concluir con certeza que fue Sotelo quien dio muerte a sus víctimas y luego se apoderó de ambos efectos.
Por ello estima que urdimbre probatoria cargosa es contundente y lo dicho hasta aquí basta para demostrar que la evaluación conjunta que debe realizarse de las pruebas arroja como conclusión necesaria, sin dejar duda alguna, que Sotelo fue el autor de los hechos por los que viene acusado.
Luego de analizar otras pruebas del doble homicidio y del otro delito atribuído: uso de documento falso, al haber falsificado Sotelo -de 25 años de edad-, un certificado de estudios que no cursó, para poder ingresar a la policía, el tribunal lo condenó a prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua para ejercer cargos públicos.

El fallo no se encuentra firme.
Luego de conocerse el resultado de la sentencia, el público que llenó la sala de audiencias, estalló con expresiones de dolor, furia y satisfacción por el resultado final del caso.

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