19 de agosto de 2014 | Destacado, Provinciales.

Algunos somos más iguales que otros

2Volvemos sobre algo que a lo largo de los años se ha convertido en una suerte de muletilla. Con la que se destaca que todo Estado que se precie de tal, debe dar cuenta de una política exterior que persista a lo largo del tiempo y que signifique optar por un determinado lugar en “el concierto de las naciones” como en algún momento era habitual expresarlo. Política que en el caso de nuestro país no se ha dado, ya que, como Estado, hemos carecido de una línea clara y persistente en esa materia, donde a lo largo de los años hemos exhibido un zigzagueo que habla de la inexistencia de estrategias a largo plazo, y de nuestra propensión a establecer, en el plano internacional, relaciones de una volatilidad extrema, que por lo mismo que son así hace que juguemos el papel de “figuritas difíciles”; una manera de ser que, además de imprevisibles, nos vuelva poco confiables.

Y es en ese sentido que siempre se ha mostrado el contraste que existe en la materia entre nuestro comportamiento y el del Brasil, que se dice que siempre supo hacer uso del cúmulo de conocimientos de este tipo que les dejara el forzado traslado desde Portugal de la Corte de Braganza, como consecuencia de la invasión napoleónica a su territorio.

Prueba evidente de lo cual es contrastar la extensión territorial que ahora tendría nuestro vecino si se hubiera ceñido a los lindes del Tratado de Tordesillas, por el que España y Portugal se dividieron, terminando el siglo XV nuestros subcotinente, y los límites que muestra en la actualidad.

Mientras tanto, nuestro vecino oriental da cuenta en este momento de una intención similar, que ha quedado expresado en una reunión convocada no hace mucho por José Mujica para concordar –no imponer- pautas multipartidarias para la política exterior uruguaya.

De esa reunión, presidida por el canciller uruguayo, fueron partícipes figuras políticas especializadas en esa temática en representación de la totalidad de los partidos de la oposición, que arribaron a coincidencias en torno a lo que cabe describir como el cuadro de situación, al que deben atender como nación.

Es así como, en primer lugar, estuvieron todos los participantes de acuerdo en que “Brasil es hoy más bien prescindible respecto del Mercosur”. Un estado de cosas que explican, no del todo acertadamente, en el hecho que nuestro vecino grande no querría aparecer “como pegado” a nosotros en los foros internacionales, ya que en los pasillos de su cancillería se nos definiría como “una mochila, en cuya compañía no se quieren presentar”. Todo ello, según se señala “más allá de la retórica y de las sonrisitas fáciles, pero siempre vacías de contenido.

A su vez, dada la revalorización estratégica que nuestro país vecino le da al río Uruguay en materia fluvial, intentarán avanzar en todas las medidas que no requieran tener que consultar a la Argentina. Porque consideran que al menos nuestro actual gobierno intentará siempre perjudicarlo. Por ejemplo, aprovechar para profundizar solos a 14 metros el Canal del Indio, el del acceso al puerto de Montevideo. Y tener una intervención razonable con relación al canal Magdalena, que -según se ha anunciado- se construirá unilateralmente, cerca de la costa argentina. Para no tener que comerciar y navegar en espacios de manejo común que tenemos con el Uruguay. Lo que es todo lo contrario de la eficiencia, por cierto.

A ello se agrega la determinación de mantener “relaciones maduras” con los Estados Unidos y cooperar con ese país, persistiendo en la línea que ha tenido una de sus demostraciones en la reacción positiva de los estadounidenses a la comprensiva política uruguaya, al manifestarse dispuesta a recibir y eventualmente a otorgar asilo a cautivos de Guantánamo.

Por otra parte y en lo que respecta a conflictos internacionales, como es el caso del actual reavivamiento del conflicto israelí palestino, se coincidió en señalar que siempre es prudente apoyar las soluciones multilaterales, sin posiciones o declaraciones que importen absolver a unos y condenar a otros. Para no exponerse a reacciones como la sufrida en este tema por Argentina, por parte de la Cancillería israelí.

Al analizar esas conclusiones, nos permitimos discrepar con la evaluación de la causa de la actitud brasileña respecto al Mercosur de las que se nos quiere hacer pasar como los únicos responsables. Cierto es que el desarrollo de esta organización integradora ha entrado en una etapa de “atestamiento declinante”. Pero ello no es consecuencia de nuestra exclusiva culpa, sino de la convergencia de factores diversos, entre los que ocupan un lugar principal, por una parte la pretensión brasileña de “jugar en las grandes ligas” luego de su incorporación al grupo de los “Brics”, y por otra al hecho de que en este mercado, que debería ser integrador, sus miembros si bien formalmente iguales, “algunos somos más iguales que otros”, de donde se hace presente la impresión de que están los que somos “socios de primera” y otro que son “de segunda”.

Una situación que se ve agravada por el hecho que por estar en el primer pelotón, en lugar de procurar acercarnos y estrechar los vínculos con los mal considerados “socios menores” caemos en el maltrato, situación que es sobre todo palpable –y no solo por la inmediatez- con los entrerrianos de esta costa con el Uruguay. Le cortamos los puentes. Trabamos la canalización de los ríos de la cuenca. Levantamos una verdadera barrera burocrática a sus exportaciones complicando la supervivencia de algunas de sus industrias, a las que obligamos a salir en busca de nuevos mercados. Aunque nos volvemos casi obsecuentes, al momento de requerirles el envió de electricidad –como ha pasado en una dimensión normalmente alta en el pasado julio- para tratar de paliar las consecuencia del berenjenal en que estamos metidos en materia energética.

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